11.19.2005

MAS QUE NUNCA PARANOICA

Se frena, espera, mira alrededor y no hace otra cosa que esperar. No piensa, mejor dicho analiza tanto que no puede focalizar su razonamiento en una sola cosa. Ya le habían dicho que para ser comunicador había que poder ver todo. Pero el quería ir mas allá, transgredir, llenarse de barro que tiene el chiquero social para ser tan distinto al científico y tan igual al común, al Juan Pérez.
Mezclarse, aprender costumbres, abstraerse de todo marco teórico para ser solo carne cruda. De tanto mezclarse, se volvió uno de ellos se perdió. Una mañana la vio, hermosa ahí la vio.
Probablemente nunca se entere que estuvo escrita acá.
Y cantaba mientras tiraba el jopo del flequillo para atrás y decidía que tomar. Seguramente su melodía era preciosa y era por eso que idiotizaba, era por eso que enamoraba. La vida con ella debía ser perfecta, noches abrazados, mimos a la mañana, besos en el baño, todo perfecto.
Y reía llamando la atención de los otros de su grupo que se acercaban para charlarla. Y la misma sonrisa que esbozó anteriormente, se la regaló a otro, a otra, a ella misma en un vidrio.
Y ahora la detesta, como a un espejo que no refleja lo que uno quiere ver, y fue amor pero cada vez es mas odio.

11.04.2005

Suerte que le conté de mi sueño antes de desayunar. ¿Por qué será que cada vez que veo a una chica con facciones parecidas, la cara inmutablemente seria, la boca cerrada sin dejar un dejo siquiera de sensualidad, se me eriza la piel y me corre hielo en el estómago? Simple, los mismos hoyitos en las mejillas cuando sonríe, la piel morena de chocolate, pero no del empalagoso.
Suerte que le conté el sueño antes de desayunar porque dicen que sino no se hace realidad, un amor anfibio que nunca terminaba de cerrar, ya sea por un tercero o por la poca disponibilidad que la casualidad daba. Por suerte la semana terminó y espero el sábado bien armado, un chopp de cerveza bien fría, buena música y una nariz de payaso.
Suerte que el taxi tardó más en aparecer por Lavalle y que decidió ir por Córdoba, y que me colgué prestándole atención a la gente que cruzaba por Larrea, porque sino la primera parte del sueño no se me iba a cumplir.
¿Quién tiene que encontrar a quién?