10.27.2007

ARCHIVOS

Revisando mis archivos encontré textos que nunca subí. Incompletos, repletos, conceptos. Son Radiografías de textos que nunca supe ver o terminar. Decidí ponerlos porque hay algunos que, en idea, valían la pena.

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Muñeca muerta con tu gigantismo sin expandir
Semi burbuja transparente te contiene, ida y venida de tan cerca.
Tanto espacio y tu inmensidad ya no sirve de nada en tanto campo muerto.

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Mi remera tiene hilos color sol, con pequeños cordones diminutos que de a poco van formando cuadrados perfectos, que son impenetrables, muro que se levanta y me protege la piel de todas las risas y retos de quejos, quejosos cantos y protestosos.
La bocamanga de las mangas se dobla mal y una queda colgando como lengua muerta con hilachos pretensiosos que alguna vez quisieron unir y emprolijarme el costado.

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Sos un palazo en la cabeza.
El bolillero de mis ideas quedó totalmente destartalado cuando me hablaste.
Fuiste un palazo en la cabeza.
Encontré respuestas en cada letra pegajosa que salió de tu boca.
Vas a ser un palazo en la cabeza.
Siempre.
Y lo vas a ser.
Un juego desquiciado que me dice que nunca vas a estar en mi bando. Y el campo de juego no está a mi favor. Llueve de nuevo como tantas veces y por eso te escribo. O llueve porque te escribo.
Nosé.

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Antes, cuando pisaba despacito para no despertarte, y atendía equivocado todos los días.
Mientras, sé que ya no me molestan los ladridos ni pisotones.
Después, cuando voy a tener que acostumbrarme a tu muerte.

Al Coronel Jean Jaures ya no le quedan ganas ni fuerzas, sólo un dejo de su uniforme verde gastado, con un par de medallas de las pocas victorias que supo conseguir en los frentes de batallas cobardes e indómitos de lunes por la mañana.
Se abotona el saco y carga la Luger para amenazar a sus fantasmas que, desde hace unos minutos, lo rodean y patotean. Un poco mareado maldice. Putea por no quedarme con él, se babea. Insulta. Me insulta.
Al Coronel Jean Jaures el poder se le fue. Se le escapó. M escapé del Coronel. A veces le hablo y cuando le paso cerca, de refilón lo saludo. Él, siempre medio distante levanta una copa y agacha levemente la cabeza para demostrarme que todavía, a veces, se acuerda de mí.

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Este es el principio de otro texto. Breve espacio subliminal…

De una pincelada desvirgó para siempre el lienzo que había comprado con sus últimas monedas de la semana. Se rascó el bigote por inercia y algo de nervios tal vez, y la midió con los ojos negros andaluces una última vez antes de empezar a bocetarla y dejar eterna en el ya no tan blanco.
Helena era su debilidad, era magníficamente distinta, o algo en la soledad en las mañanas del pintor la hacía ostentosamente perfecta a la falta de pomposidad en su vida bohemia y desalineada. Comenzó el trazo delgado del brazo y pasaba horas y horas midiéndola sin poder seguir,.
De una sola pincelada decidió volverla rojo carmesí detrás del teléfono y deshacerla de su seguridad de niña mala, que mata con su indiferencia.
Nunca tanto un dolor puede afectar más como el de la desesperanza. Tal vez sea sólo porque me jacté de la seguridad pensante en tenerte aquí y acá, y es mucho más fácil ahora, pero mucho para mi. Qué más decirte que estoy triste y rara vez estuve triste por alguien que no sea yo.
Ya perfeccionada en las manos del joven autor giró en torno a su palma e hizo una reverencia que detuvo el tiempo por varios más que instantes, y emocionó hasta las lágrimas al boina francés devenido en artista.

Leyéndolo ahora me doy cuenta que este es el texto, y lo otro es el principio.

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Me tenés.
Con los dedos afiladísimos y la sonrisa cargada.
Me tenés.
Como yo quiero, como vos, seguramente no querés.
Me tenés.
Caminando las paredes, y los techos, los azulejos y el parquét.
Me tenés.
Cargado hasta las narices.
Me tenés.
Comiendo de mil manos
Me tenés.
Circunferenciado en cornisas miedosas y vertiginosos pasos de haragán.
Me tenés.
Circulando en contramano. Jugando a la rayuela con las manos me tenés.
Me tenés.
Creído. Aplaudiendo por cualquier payasada y riéndome de los que las entienden.
Me tenés.
Creyente y religioso, apostólico, católico, caótico, mundano.
Me tenés.
Casi, casi sin querer.
Me tenés.
Y ya.
Me tenés.

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Paranoica

10.25.2007

Siempre es jueves.
Cuando llueve y mate con olor a cereza de humo.
Tiendo a caerme al mar cuando es jueves, medio mojado, con frío pero empezando el verano, todos los jueves.
Siempre que impugno mis sentimientos es jueves, porque ablando y muerdo dedos.
Escapan de la lluvia unos pájaros que vienen del océano o del mar, que aletean con un vuelo cíclico, como las corrientes y las olas, la lluvia, empezando de nuevo, y los jueves.
Suena una canción que se repite con jueves, y el día es más largo, la noche cortísima y en el medio la siesta que despabila a las golondrinas que ven a unas señoronas danzando.
Tienden a bailar las viudas en los balcones, mientras que los malvones se agachan para percibir de mejor manera los pisotones y pasos atolondrados de alegría de jueves de las señoras.
Y el mar que expulsa a las golondrinas que ven mujeres, que viudas bailan en los balcones llenos de malvones agachados por los pisotones en las teclas por los dedos.
Siempre es jueves, cuando me acuerdo que es jueves y la angustia de que algo empieza para terminar, otro jueves.