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10.19.2011

Necochea



Necochea o como estar en la playa sin verla.
Si mirás fijo, llega a verse como el viento se mueve.
(Se mueve como gorrión en la neblina
Ciego, pero con ojos ansiosos esperando ver de nuevo el camino.
Ese camino que un día lo sacudió tanto que se asustó).
Nunca un de paso el viento, en Necochea nace o muere.  
La orilla ya era una vendaval cuando llegamos.
Pero ahí ya estaba.
Ya había estado.
Si el fin del mundo tiene un comienzo paulatino y si acaso engelado. Que sea en la cortina gris de garúa que tiñe y humedece la ciudad.
El sonido de las gotas finas frías atravesadas entre sí, en picada al suelo de lateral al cuerpo, tan cambiante como el celo del viento. Que a veces en el cuello o por encima de la mejilla. O también en la rabilla del ojo. El desprotegido, el hijo no querido de una capucha.
Gotas finas otra vez en la orilla ya del principio del vendaval. O cortina gris de gotas dagas que te cortan.
Separan.
Los zumbidos.
Tus oídos del mar.
Tu cuerpo del que está.
En Necochea de octubre un momento de playa es batirse a duelo con el frío que arrasa con el centenario de la ciudad.
O simplemente con nuestras ganas de ver el mar en silencio.
Comprueban las partes naturales de su geografía la teoría que dice que uno en uno un mínimo no es nada.
Pero uno en uno al mismo tiempo puede abatir cualquier voluntad de querer ir en contra de lo natural:
El viento danzando con las más lindas del lugar; la fría lluvia o la salvaje y rasante arena.
Miles de cada una de estas chicas te van mostrando los bordes grises que como neblina delimitan una ciudad, otra de las tantas costeras que se congelan fuera de temporada, estática espera el paso del tiempo del resto del mundo.

10.25.2009

Desplazamiento corporal desde la tierra a la mente

Lo mejor de los viajes suele ser la partida, el arranque. Se sabe que el trayecto comienza antes, en el instante mismo en que la mente y el corazón dicen "es ahora".

De ahí al pasaje.
De ahí a confirmar la llegada.
Desde ahí, empieza el viaje.

La partida, en cambio, es otra cosa. Cuando nos vemos eyectados a movernos y perdemos un poco la atención -y también la tensión- y que mochila armada, y revisada incansable e innecesariamente, cuando estemos ahí verificaremos certeramente que algo nos olvidamos antes de partir.

El avión despega previo carreteo que me destartala, me expulsa los nervios y estabiliza la ansiedad.

Todo abajo, sin miedo y sin pensar, el puerto es diminutivo, se achica, pero yo no me agrando por eso. No me pertenece nada de lo que veo o siento: el sol de la tarde potenciado por las nubes a sus pies y los anteojos no sirven, trasparentan y el brillo derecho a la cara. Los anteojos no ateponen nada, tengo que cerrar los ojos y que el sol haga el resto.

Los anteojos sólo sirven para que la azafata, que ya está preguntando si quiero tomar algo señor, no se de cuenta de que estoy llorando.

El avión es como un amo y señor.

Mueve, a su antojo, el reflejo de los anteojos, inclina el té para para un lado y balancea el líquido encefálico, y me mareo.

Mueve, para el costado, los pasos de la azafata que ya pide si puede retirar todo señor.

En tanto, en mi cabeza suena la misma canción, una y otra vez, y nunca me canso porque me renueva:

"Me siento como un recién nacido.
Me siento como un buen nacido.
Despierto en mi avión.
Me siento como un recién nacido.
Pateando y llorando".

Saquenme una foto porque no voy a recordarme. Y el avión podría haberse ido en picada.
En Buenos Aires llueve torrencialmente y el avión ya atravesó la cortina gris, alguien festejó por estar encima de las nubes por sobre la tormenta. Y lo que no sabe, o al menos no quiere pensar mientras esconde el temblor de sus rodillas y el templeque que el pánico le produce en la voz es que tal vez hoy, los rayos vengan desde abajo.

7.26.2008

Algunos se creen que los mató el tiempo o las decisiones
otros se creen que simplemente es el tiempo el que les dio la vida, que las decisiones los mataron.
Para esos hay un pasaje sólo de ida, y con suerte, de satisfacción garantizada.
Para los demás nos queda un poco más. Saber, por lo menos, que podemos llorar a escondidas o en público cuando la máquina se rompa y nos digan que tenemos que seguir a pie.

4.07.2008

Diario

Noche 1
Tengo todo. Tu cama, tus cuadros y libros, ropa y la infancia impregnada en cada punto cardinal del cuarto.
Te tengo. En ese husmearnos sin conocernos que nos simplificó la frialdad de los extraños, conociéndote te tengo. Con la alfombra, fotos y cortinas, azules y amarillas.
Tengo todo. La extrañeza de un recién llegado, la mirada de un detective que encuentra cuadros donde no los hay. La cruz al costado, el sol en el ventilador y una serpiente sin cabeza enroscada en los caños de hierro de tu cama.
Te tengo. En otra habitación pero dentro mío, como cada uno de tus besos y risas que ya son recuerdos en cofres de oro, en los que guardo memorias de los días en los que no nos conocíamos y jugábamos a hacerlo.

Noche 2

Ocaso Gatuno
A ella la escuchabas, le respondías, a mi me dabas varias luchas y algunas treguas. Te jactabas de tu calidad gatuna en cada paso letárgico y lento.
Calor en el pecho y de compañía un integrante más del staff fijo de la familia.
Ella tenía razón no hace falta decirte que descanses en paz, ya que en vida lo hiciste, y muy bien.
“Eléctrico corré al gato…”
Lo que no quita que esta noche deje una lágrima en el río por vos.

Noche 3
La concepción es un relato constante en cada esquina colonial.
Con las luces apagadas.
En las trampas de las cartas y en los miles de pájaros blancos que como copos de nieve adornan el atardecer en la rivera de una pequeño brazo del uruguay.
La calidez de los desconocidos y la certeza de saber que conocí el aroma de tus calles, de tu raíz y de tus partes.
Y la concepción entonces no como un plan o una idea, sino como la realidad misma de nosotros fluyendo como río, firmes hoy como piedras enfrascadas en la arena.
La historia contada en plazas un tanto abandonadas y yo escuchando cada palabra de tu tradición recitada al volante
Algo cayó del cielo anoche en Entre Ríos y creo era nuestra estrella acercándonos.

5.28.2007

Viaje

Miedo como responsabilidad artificial adquirida, aplastando, ahogando los labios que te besaron en el juego de los grandes desentendidos. Miedo, a veces, sólo a veces, de ser yo con vos, de que la ruta nos coma las ganas y queme los pensamientos. Miedo de algunos a reírse, miedo a no disfrutar. Miedo de los que van a buscar respuestas, miedo a encontrarlas. Miedo que incertidumbre la noche que dijiste que me querías. Incertidumbre de lo desconocido, buen miedo y Paraná, esperándome con un buen abrazo de abuela. Para luego Tucumán incierta, Tucumán con agua, buen Tucumán, buen viaje.
Lunes 15- ParanáAtrás Gualeguaychú de excesos. Dicen que el viaje a Paraná es de seis horas, dicen que en Tucumán las lluvias inundaron los caminos.Dicen que los excesos son malos ya sean comidas, bebidas, protestas. Exceso de sol, mi sol. También atrás Gualeguaychú de hospitalidad entrañable hasta la médula y las ganas de sentirse parte de...Atrás Gualeguaychú de carteles graciosos, un candidato que vende alfajores, y playas no contaminadas.Atrás Gualeguaychú de lentejuelas y buenos culos, vade retro, antes de que la risa se me vaya también.

“En sus ojos había un llanto contenido de verme tan grande, y así y todo insistía con que vayamos a tomar la leche a su casa. Cuando la vi, algo adentro se me movió. Pero como cuando uno recuerda los tesoros de la infancia.
Hacíamos tiempo para subirnos al micro que nos trajo a Tucumán, cuando apareció entre los árboles de la plaza de la estación de colectivos de Paranà. Con los mismos anteojos de hace 15 años. Era una foto en vida. Charlamos protocolarmente durante unos minutos hasta que, con voz de agua, me dijo que me quería, que nos quería.
Que en fotos me recuerda todos los días y aunque no la vea seguido, casi nunca, ella va a ser los abrazos de la abuela que nunca pude tener.
En ese momento no me importó su huída de Bragado, ni la pelea con mamá, ni la supuesta retensión de joyas. No me importó nada y le di un beso en la frente y le pedí que por favor se cuide”.

Tucumán – Martes

San Miguel lloró y nos mojó.
Llegamos a San Miguel de Tucumán a las 8 de la mañana aproximadamente. Dedicamos la mañana a recorrer el centro y la casita de Tucuman cuidada con un circuito cerrado de cámaras que controlan que la gente no filme ni saque fotos. De la casa original sòlo queda el casco principal donde se firmo el acta de declaraciòn de independencia. Todo lo demàs o fue restaurado o expropiado en un pretensioso y malogrado proyecto de Bussi. Tambièn aprendì que el acta se redactò en quechua y aymara, ademàs del castellano, y que el primero en reconocernos como patria un fue un rey Hawaiano.
Almorzamos en un Mc Donalds, para ir perdiendo de a poco el ritmo porteño. De la Terminal de San Miguel Salimos a las dos de la tarde por la 38 y después la 307, pasando por “el camino del indio” con una ruta completamente de montaña con un trayecto que durará horas, destino: Cafayate.

El boina sigue sacando fotos, y ya en la reserva natural “los Sosa” Fran sigue haciendo firmar apoyavasos por todos aquellos que dejan alguna huella en el viaje, yo mientras la humedad densidad de la montaña me apuna, intento tontamente escribir. Los tres masticamos caramelos azucarados que el señor que se sentó al lado del boina nos dio.

16.28
Tafí del Valle
Paramos 15 minutos. Juanma saco las respectivas fotos del paisaje. Fran pasó varios minutos peinándose en el baño y todavía no logró pronunciar Cafayate, le sale Cayafate.
“Mejor le digo Calafate y listo”, dijo antes de subirse al micro.
Calentamos agua para el mate y seguimos por la 307 hasta “El infiernillo” el punto más alto, 1300 metros de altura.

“En el infiernillo apenas hay camino. Las nubes se comen las montañas y los arboles. Dice una vieja leyenda quechua que todo lo que esa neblina toca desaparece, menos el camino, protegido por un conjuro aborigen. No, hay nada, sòlo blanco. Ya saliendo del infiernillo la vegetación no es tan densa, casi ni la hay.
El sol asoma y la lluvia alrededor contenida por montañas.
No quedó vegetación ni humedad,
No hay señal en los teléfonos, ni necesidad de ellos.
Pasando el infiernillo hacia Amaicha del Valle apenas unos cardones cuidando que “El infiernillo” no avance, se quede ahí comiéndose las penas y los malos humores. Ahí donde murió la última tristeza del camino. Acá donde nació el sol y la risa del destino. Y así fue como el valle den infiernillo se comió la pena de los incautos”.

2.17.2006

Viaje 1

Ni las "hijas del miedo a la selva" ni el gallego con parche en el ojo y pata de palo, fuking cojo, logran que aproveche las horitas que me dejan mis compañeros de ruta, entre la merienda tardía y la apronta para salir a recorrer Gualeguaychú. Lleno de fulanas en las calles y ninguna sos vos, y es un problema, porque hago 4 pasos al futuro y 7 al pretérito, que era súper perfecto, o al menos eso creí.Pintoresca la ciudad, cada 3 cuadras hay algún bar con balconcitos improvisados sobre el asfalto donde ponen las sillas y las mesas, pasa que las veredas son muy angostas entonces...Entonces nada, escribo esto como si fuese mail para vos y no tiene mucho sentido, pero pienso en vos y me sale esto.Hablando de la ciudad, algo raro pasa cuando me cruzo a la gente en las calles, todos tienen los pies pulcrísimos, sin uñas amarillentas, ni dedos torcidos. Supongo que si en Buenos Aires levitaramos en vez de caminar tendríamos los pies iguales. Y se siente bien, estar rodeado de ellos, podés salir a caminar a las 10 de la mañana con un mate en pleno sol matutino por el centro y la gente te saluda al pasar, y te pregunta de dónde venís y qué haces y qué pensás de las papeleras y contaminación y todo.Es difícil de explicar, más que nada de transmitir lo bien que se siente que te traten bien sin saber quién puta sos. ¿Y cómo contar?. Ese es un problema a solucionar, como contar, sin tapujos, ni restricciones totalmente despojado de la vergüenza que me provoca tener mis pies fríos cerca del suelo que pisas. Tal vez pasando un fin de semana con la gente de acá aprenda a no pisar, para no sentir el frío, y tal vez un fin de semana acá me enseñe a moverme y sonreír sin tener vergüenza, para que nada me frene a caminar Buenos Aires, luchar con la selva asfáltica, hacer de lado a las hijas del miedo, batallar al pirata cojo y tocarte el timbre para darte un abrazo, apoyarte los labios en las mejillas, tomarte de las manos e invitarte ese desayuno que tanto te debo.