Mostrando las entradas con la etiqueta Efemérides. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Efemérides. Mostrar todas las entradas

10.28.2010

Por Rock and roll pero por sobre todo desmesura. Y nunca ser un tibio. “Ni totalmente angélico ni totalmente diabólico". El miércoles 27 de octubre me levanté y me acosté con el mismo muerto.  

Y tiempo no pases más. No corras más que todavía tengo que entender cómo fuiste decantando en la medición de la muerte.

Y cómo resolver ahora el enigma que causaba el hombre de la fija mirada. El hombre de extraña e incómoda mirada.

Tal vez la muerte fue el desenlace y la razón justa para que un movimiento que lleva décadas anquilosado, se adapte y siga el cauce normal de la célula que lo compone: el ser social como objeto de constante cambio. Tal vez es hora de que el partido se termine de fragmentar y sus módulos reubiquen el sentido de su existencia.

Y sorprendió la muerte. Por repentina y por la masiva respuesta que, por obtuso y negado, uno nunca imaginó que podía llegar a generar semejante cosa.

A cajón cerrado y porque a uno le gusta la ciencia ficción imagino el panorama de las futuras elecciones y de golpe vuelve gritando "volví" y todo fue una buena estrategia de comunicación como las que sabían hacer. Y los que obtusos fuimos nos alegraríamos porque podría estudiarse el fenómeno social más fantástico y fantasmagórico de la historia político/social de la humanidad. El candidato que vuelve para satisfacer a sus deudos y perdonar a sus viles enemigos. Pero no a todo el mundo le gusta la ciencia ficción.  

Entonces.

Están haciendo el mito. El canal de cable Encuentro publicó a horas de la muerte de Néstor Carlos Kirchner un programa con tono biográfico de leyenda. El funeral del ex presidente en ejercicio de poder quedó por su masividad entre los cinco funerales más importantes de la historia argentina. La movilización de personas puede compararse con la muerte de Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón, Evita y el año pasado Raúl Alfonsín. La lluvia fue el rasgo común en los cinco casos estampándole a la ceremonia un tinte épico.

Más allá de la dicotomía amor/odio que toda figura relevante y polémica genera por su forma de comunicar, hay un respeto que es innegable. Néstor tuvo lo que quiso. Su sillón, su proceso histórico que aún debe batirse a duelo con el paso del tiempo para ser analizado debidamente y para entender su trascendencia. Tuvo su ismo y sus fotos. Su blanco y negro. Sus aciertos y sus errores. Cristina y su Cobos. Transversal y vertical para ejercer poder. Fue él mismo el encargado de evitar que exista un sucesor legítimo que herede su capital de poder hacer, más allá de Cristina Fernández, su mujer y compañera de vida.

¿Queda preguntar quién tomará la porción de poder que construyó y que quiso que nadie más tenga?


No marcho en mi vieja murga
(en las calles no me muestro más)
Están mis muertos tan...tan lejos
de la pantalla en que vos te mirás.

El hígado crece, el cerebro envejece...
y hay algo muy raro en mi plato.

Saturno...dame un turno
(Yo espero, con vos, mejorar).
Dulce cadena, dulce condena
Dios es todo (no puede progresar)


Dr. Saturno, dame un turno!
te pido una leve mejoría!

10.13.2010

La colonización de las palabras

La colonización se ha hecho y de hecho se hace, desde las palabras.  Durante años la colonización fue una buena palabra. Tiempo después la misma historia, relatada  a través de palabras que esa acción devenida del apellido de su primer estandarte era, básicamente, un crimen.
Hace 518 años estuvo bien, y hace unos casi 500 después también. Aunque según los períodos históricos el término significa distinto, más o menos todos entienden por colonizar tomar el control de un territorio ajeno. Y el problema en ese entonces era con los tipos que no entendían las palabras de los que llegaban. Esos indios brutos, esos pobres brutos.
Y los pobres suelen ser los primeros en sufrir la consecuencia de los colonizadores de las palabras.
Pobre como carencia.
Porque las palabras pueden ser agujas.
Carencia para entender el daño.
Porque no entender provoca desguace social.
Carencia para entender la emoción.
Porque la confusión no te permite tenerla.
Carencia de conocimiento y de historia.
Historia informativa.
Formas de colonizar con palabra. Y los manipuladores de ellas, los que se adjudican el monopolio de la razón, son los que reescriben la historia para justificar sus inacciones. Y cierra justo.
Cierra justo porque justifican lo mal de su presente, con algún correcto pensamiento del pasado.
¿A nadie le parece extraño que condenen lo que ayer beneficiaron delante de los que benefician hoy?
Las palabras suelen ser un boomerang que nos vuelve a atacar justo cuando estamos frente al enemigo menos pensado.
Y mientras los mentales hoy abrazan un capitalismo disciplinado.
Lo alegres siguen alegrando.
Yo trato de entender cuál es el cuento que quieren escribir, los líderes colonizadores de hoy.

8.26.2010

El viejo con la cara más graciosa del mundo

Se murió el viejito de la cara más graciosa. El único que defendió a los malos poetas y exigió ante el mundo que sean buenos, malos, del modo que sea pero que sean poetas.
La vida es dura, pero por qué siempre con los mejores.
A Fogwill lo conocí sin saber que era Fogwill.
Conocí a un viejo que me pareció de mierda. Llegaba al vestuario silbando un tango y era un viejito decrépito preparándose para lanzarse a la aventura de partir con sus arrugas el agua. Puteaba a los peronistas y a los desarrollistas sólo para hacer enojar a los otros viejitos. Y conocí a un viejo despreciable que provocaban ganas de rajarle una puteada.
Se murió Fogwill y yo no entendí todavía porqué se me pone blando el pecho cada vez que veo una foto de él. El viejo con la cara más cómica que existe.
Nunca pude decirle que nadaba como el orto. Pero que su silbido era hermoso. Porque mantenía una tensión rítmica que nunca se quebraba, era un suspenso constate. Divino. Nunca pudé preguntarle qué le haría un punk a un flogger.
Y siempre todo es tan indicatvo. Así se ve la ciudad de noche. Acá fue enterrado. Este es el muerto. Los muertos y su rotundo silencio. Los muertos y la certeza elocuaz que cuenta que ya no está.
Mientras tanto nosotros seguiremos, con pantallas anuladas y diarios que saturan, hasta el fin con la paranoia de siempre y el ímpetu derrotado de antemano.
Así de indicativos estamos.

8.15.2009

A los cronopios de la acción poética interamericana

"...Cronopios de la tierra americana, muestren sin vacilar la hilacha. Abran sus puertas como las abren los elefantes distraídos, ahoguen en ríos de carcajadas toda tentaiva de discruso académico, de estatuto con artículos de I a XXX, de organización pacificadora. Hágase odiar minuciosamente por los cerrajeros, echen toneladas de azúcar en las salinas del llanto y estropeen todas las azucareras de la complacencia con el puñadito subrepticio de la sal parricida .
El mundo será de los cronopios o no será, aunque me cuesta decirlo porque nada me parece más desagradable que saludarlos hoy, cuando en realidad me resultan profundamente sospechosos, corrosivos y agitados. Por todo lo cual aquí va un gran abrazo, como le dijo el pulpo a su inminente almuerzo."

Carta que envió Julio Cortázar a un grupo de escritores que se reunió en México, en 1964, para celebrar una reunión "Cronopia". El texto completo fue publicado por la
ADN Cultura de La Nación.

8.01.2007

Friend of a Friend



He needs a quiet room
With a lock to keep him in
It's just a quiet roomAnd he's there

He plays an old guitar
With a coin found by the phone
It was his friends guitar
That he played

He's never been in love
But he knows just what love is
He says nevermind
And no one speaks

He thinks he drinks too much
Cause when he tells his two best friends
"I think I drink too much"

No one speaks
No one speaks
No one speaks

He plays an old guitar
With a coin found by the phone
It was his friends guitar
That he played
When he plays
No one speaks



No one speaks
When he plays
No one speaks

de Dave a Kurt

7.19.2007

Todos somos putos


Ahora los libros van a ser más caros y sus historias más conocidas. No faltarán esos que se jacten de lo bien que lo conocían y lo mucho que lo leían, ahora todos querrán a su linyera y a su pulgoso perro.

El negro era rosarino hasta la manija, vivió del fútbol, principalmente contándolo, que era lo que mejor sabía hacer. Tenía 62 años y una forma de contar que me llenó la estantería con sus hojas. Me enseñó la sátira. Que un linyera puede ser más que un vago sucio, que existe la remota posibilidad de un agente secreto sirio seductor y tan galán como desopilante. Qué en el fútbol no hay solo fútbol. Me enseñó también que El Cairo es más que un bar y que puedo reírme con mirar sólo un par de letras bien acomodadas en un papel.

Nació en el 44, cosechó miles de premios pero más que nada una bruta y directa forma de expresarse para derribar mitos de la escritura. Sobre la inspiración a la hora de escribir dijo: “Yo tengo que publicar todos los días, y si espero a que lleguen las musas me muero de hambre".

Defendió las “malas palabras” y alegó su condición a un mal uso y no a una maldad intrínseca y natural en ellas.
Fontanarrosa no hablaba, narraba. Así fue como lo conocí, conociendo a mi papá, que como tantos otros a esta hora, es su fanático número uno. Cuando iba a visitar a mi viejo le robaba un par de libros y ahí fui adentrándome en la historia de un hombre que al principio no entendía y por eso sus textos no me conmovían. Hasta que conseguí, después de tozudas lecturas darme cuenta que ese tipo, con esos cuentos, logró que entienda a la literatura como arte de reír también, y eso no es poco.
Lo único que atiné a hacer cuando me enteré que te moriste fue estrolarme la cabeza contra la almohada para poder acomodar con el sueño todas estas palabras que aún despierto, no puedo ordenar. Por ende, y permitiéndome la desprolijidad que este tipo de lugares de expresión nos da, escupo todas las que se me vienen a la mente cuando pienso en Roberto Fontanarrosa:

Incitaba a quebrar el orden y la rebelión popular en el estricto modo de vida setentista, dibujó, literó, formó y capacitó, discapacitó y culturizó. Transpoló las discusiones de un grupo de amigo hablando boludeces en una mesa al resto del mundo. Nos emputeció con sus libros y nos amargó con su enfermedad. Rotuló con los títulos de sus textos la cotidianeidad de dos generaciones. Habló. Habló como vos, como yo, como aquél, como Borges y Cortázar, como humorista, artista y creador, como el maricón de Dickens y la reputa que los parió.

En definitiva me enseñó que el humor puede estar escrito, y bien.
Sí. Nos convertiste a todos en putos.
Yo me cagué de risa negro, eso sabélo.




4.30.2007

Por favor no le pisen al perro

No es que Don Mariano sea bueno porque hace buenas cosas. Simplemente es bueno porque tiene la posibilidad de ser malo y no lo es. Por eso es bueno. Por eso es un buen tipo.
Lo único que este viejo pedía era que no le pisen al perro. Siempre bormeaba con eso. Era imposible de pisar el perro. Un ovejero alemán de grandes proporciones no es nada dificil de esquivar.
Hacía años que el Paisano estaba enfermo, muy enfermo.
Una serie de arrugas inexplicables para la ciencia médica le brotaban de a borbotones por la pata en un principio, y luego, como todo perro que bien sólo se lame, por el hocico y orejas.
El ojo lo tenía medio mocho, como el humor. No pasaba una sola festividad en la que no se le acurrucara a los pies del abuelo y tirando mordiscones a diestra y siniestra amenazara a todo aquél que quisiera interferir entre su dueño y él
Y así iba. Mejor dicho, así pasaba. Le pasaba el tiempo y el viejo sin más que verlo ahí echado mientras la soledad se le arremetía entre las peceras y los malvones.
Protestaba a veces Don Mariano de los furtivos escapes que solía tener Paisano cada vez que alguien abría la puerta. Aunque nunca llegaba más allá de la vereda el viejo se pegaba cada cagazo que corría atrás de él a los gritos de “Paisano venía para acá carajo”.
Creo que eso era. El perro frenaba en seco cada vez que el abuelo levantaba la voz. Será porque era raro que Mariano grite, será que era el único que al puchero le ponía más carne que hueso, o el único que pudo bañarlo. Lo que si que ahí frenaba el perro. Ante un solo grito frenaba.
Y mi abuelo le gritaba. Tenía miedo, miedo de que saliese solo a la calle. Miedo de que al conocer la vida afuera se le vaya como tantos otros lo habían hecho. Temor de tener que afrontar el domingo solo sin nadie con quien compartir las películas de cowoys que solían dar en Space. Tan mal acostumbrado estaba el viejo a los inberbes, que cualquier movimiento que amenazara su pequeño fortín elaborado año tras año, lo pavorizaba.
Hace dos días Paisano no amaneció. Don Mariano se la veía venir asique llamó a un vecino y a uno de sus hijos para que venga y lo ayude a enterrarlo.
En una de las exigidas maniobras Mariano se agachó y se dio la frente contra un ladrillo que sobresalía haciéndose un tajo que le llenó la musculosa y las manos de sangre.
Se sentó. Lagrimeó. Su hijo corrió para llamar a un remis y llevarlo a urgencias para que lo cosieran.
-“Dale papá, que vino el coche”, le dijo Martín agarrándole el brazo para levantarlo.
-“Lo maté yo Martín”, confesó el viejo. -“Lo maté yo para que no sufriera más”.
Esa mañana alguien había dejado la puerta abierta y el perro comenzó la carrera a la vereda.
Nunca llegó. En el garage se le vencieron las patas y ahí quedó tirado.
-“No quería que sufriera más Martín. No quería que me lo pisaran. Que nadie me pise el perro por favor”, clamó el viejo y se dejó llevar hasta el hospital para que le suturen la herida, sabiendo que ese día había sido un tanto malo.

4.19.2006

QEPD

El amanecer del sábado 15 no fue como cualquier otro. Cuando sonó el teléfono hacía poco que me había acostado sin poder conciliar el sueño, y a decir verdad, desde hace tiempo venimos soñando con esa pesadilla de llamado. "Ya está, ahora no sufre más", sentenció la voz áspera del otro lado de la comunicación. Sin decir nada colgué, me puse el primer pantalón y alguna que otra pilcha que tuvo la mala suerte de cruzarse en el camino, y bajé a la calle. Casi era de día, y de atropellado nomás corrí las dos cuadras de la calle Barrera hasta que se hizo Brown. Entré sin tocar timbre y vi un grupo de personas que no conocía, salvo por la esposa, le di un abrazo fuerte y comencé a ablandarme. "¿Lo queres ver?", preguntó la mujer. Sin saber porque dije que si moviendo la cabeza, sin pensar en las consecuencia de verlo ahí, tan definitivo y terminante.
La boca la tenía un poco abierta. Negra intentó acomodársela mientras me decía entre lágrimas: "pobre viejito, sufrió mucho todo este tiempo". Nosé si por pena, de verlo tan en paz y a ella tan en llanto; o tal vez porque recordé todo lo que viví con él, o simplemente porque era mi abuelo, me quebré y lloré, como hacía mucho no lloraba.
Volví a la cocina y noté que más gente semidesconocida había llegado, algunos tomaban mates, otros más nerviosos, té. Los esquivé agachando la cabeza y regresé corriendo a casa para darles la noticia a mis hermanas y empezar el día mas largo de mi vida.
A las 10 de la mañana ya estaba en el sepelio esperando que lo entierren y lo dejen tranquilo. Qué tanto llorarlo ahí blanco y congelado, lo quería al lado de la abuela y que el destino de la post muerte lo designe donde sea, en cielo, en el infierno, en la tierra, en cualquier lugar.
Con la puerta de la bóveda familiar abierta, mientras su mejor amigo, el viejo Bollini, lo despedía con unas palabras en el cementerio, previo paso por la iglesia y todas las plegarias correspondientes a las que accedí por respeto a mis familiares, miré de reojo para cerciorarme de que el cajón de mi abuela esté ahí. Le sonreí y pensé “te lo mando martita, cuidalo que es nuevo en esto”, y preferí dejarlos que vaguen por la vía láctea. Que se queden en el mejor de su recuerdo, porque la muerte tendría que ser así. Uno debería vivir eternamente en su momento más feliz. Al menos así es como me voy a acordar de Horacio Alfredo Belamendia. Con la boina y la sonrisa sosteniendo la nariz gigante esperándome en la puerta de la casa y frotándose las manos, inquieto, esperando que sus nietos lleguen, para minutos después renegar por el ruido a la hora de la siesta, o por la cantidad de coca cola que consumíamos. O porque no sabíamos ensillar un caballo, ni diferenciar la hoja de la soja del trigo. Con esa imagen me sequé las lágrimas y besé una vez más el ataúd, ya acomodado al lado del de la abuela.
El atardecer del sábado 15 no fue como cualquier otro. Cuando subí al auto supe que lo iba a charlar en los sueños o en las fotos, que lo iba a llorar un ratito cada fin de semana y lo iba a ver en el carácter de mi vieja, o en los ojos de Valentín. En la risa del tío Cali o la picardía de francisca, la menor de mis primas. Por eso reservé el llanto, y lo guardé para administrar las lágrimas de a poquito, cada vez que le dedique un pensamiento.
El anochecer del sábado 15 no fue como cualquier otro, porque supe que no hubo más curvas peligrosas en el final de su recta.

10.21.2005

EL ALEMAN

Bastaba un tiro para terminarla. El muy intolerante daba vueltas y puteaba a todo el mundo, menos a su secretaría, a ella la quería, al menos un poco. Igual ese flaco mal nacido se quería a si mismo nada más. Pensar que de caliente nomás mandó a matar a miles, pero de prepotente. La cosa es que la situación se le fue de las manos, sus "aliados", arios puros de naturaleza y de raza perfecta fueron cayendo, borrándose, cambiándose de bando. Pasó lo que él nunca imaginó, los tiros estaban a la vuelta de la esquina y cada vez temblaba más el piso por los bombazos, definitivamente estaban cerca, venían por él, y no había salida. El alemán estaba perdido. Nunca se supo que fue de su cuerpo, si se mató, lo mataron o lo que sea.
Desde hace aproximadamente 5 años manejo una hipótesis, el bigotito esfumóse, desaparece volviéndose mito, una fábula. De tanto hablar, del boca en boca, de la palabra hablada se hace aire, partículas tóxicas, enfermedad. Renació y se cambió el nombre el muy cabrón para que no lo encuentren. Alzheimer. Y se metió conmigo. Bastaba un tiro de alguien que piense dos segunso, que se dé cuenta de manchón negro en la historia. Y pensar que hay gente que lo considera inteligente por saber como acomodar tres tipos con metralletas. Tal vez por eso ahora es una enfermedad del cerebro. Ahora lo postró, está tan relacionado conmigo que me siento sucio. Ahora el pobre viejo está en terapia intensiva, usando la poca lucidez que le queda para luchar contra el alemán. Pensar que bastaba un tiro nada más.
Que a cada uno nos toque el final que merezcamos, pero que no nos jodan cuando estamos indefensos.
Que la ruta a tu final no encuentre más curvas peligrosas.

5.05.2005

DON MARIANO

Hoy me levanté pensando: ¿que será de la vida de don Mariano y su fiel can?.
Hace mucho que no lo veo, ¿seguirá con cataratas?, ¿como estará de la pierna?.
Su imagen entró en mi cabeza y su recuerdo pintó una sonrisa en mi cara -ese viejo loco un día se va a matar-.
Bajé las escaleras y caminé por la calle General Paz, son cuatro cuadras, el camino es fácil, fui tantos domingos a visitarlo que es imposible olvidárselo. Cuando llegué a la calle Roca, doblé a la izquierda y casi llegando a la esquina, crucé a la otra vereda, sobre mano derecha está la casa.
Hice sonar el timbre dos veces, enseguida como respuesta recibí los
ladridos del Paisano que se acercaban cada vez más a la puerta. Como sonido lejano escuché el arrastrar de los pies de don Mariano. Abrió la puerta. A mí encuentro el
perro que proliferaba fuertes ladridos comienza el dulce pero un poco asqueroso acto de lamerme los dedos mientras alza la vista con ojos tristes. -"Que haces querido?"-, dijo el viejo, como si me hubiese estado esperando. Lo abracé, se sintió bien, casi como abrazar a papá. -"Vení vamos a tomar unos mates"-. Dio media vuelta y caminó para la cocina, sus pantuflas raspan el piso y de nuevo esa lenta y parsimoniosa melodía. Lo sigo hipnotizado por su vaivén, pero enseguida me distraje con las caras
que me miraban desde las fotos en las paredes y muebles del pasillo. En una
había un niño muy parecido a mí con una caña de pescar en la mano. Teníe unas
bermudas, una remera a rayas y unos zapatos con los cordones desatados.
Frente a este chico, hay un adolescente sonriente, en una estación de tren, que a juzgar por el paisaje, se trata de la estación de tren de Posadas. Las imágenes están por todo el pasillo. Sobre un mueble se ve a una pareja. El hombre tiene bigotes y mejillas brillates, el pelo negro y ondulado. Ella es delgada, de contextura fisica pequeña, se ve mucho mas feliz que él. En brazos tienen a una nena recién nacida. Al lado hay una gran familia, todos están bien vestidos de forma prolija y exageradamente peinados.
El perro ladró de nuevo, un fuerte silbido lo aturdió, bajó las orejas y
caminó para el patio. Llego a la cocina, me doy cuenta por el olor a comida
que penetra los orificios nasales, se siente rico. Una radio escupe a un locutor que cuenta con voz saturada las últimas noticias del pueblo. -" El tuco esta casi listo"-. Lo revolví, lo probé, así es como le gusta a los chicos. Suave y espeso.
Miré por la ventana ví al Paisano acostado a la sombra del Palo
Borracho, le sostuve la mirada y enseguida se paró y corró a toda velocidad hacía la cocina. Le regalé un hueso y lo trituró con los colimillos mientras lo acariaba -Buen perro-, pensé. Con dificultad caminé a la silla, me costaba moverme, sentía el cuerpo muy pesado. Mientras me dejaba caer exclamé un quejido tranquilo. Rascandome la frente pensé en Pancho manejando el diesel, viajando por Necochea. La vocesita de Mariana entró suavemente a mis oídos y me roba un sonrisa. Martín y el correo. Por donde andará Ale?, siempre arriba del auto. Ojalá haga una de sus sorpresivas
apariciones. Miré detenidamente la puerta, como esperando algo, pero no
pasó nada y vuelví la vista a la mesa. Acaricié un poco mas al perro. Subí
el volumen de la radio, me tomé un mate y agarré el crucigrama intentando
completar los casilleros va
cíos. -Como mierda era?, "NOMBRE DE LA PULGA DE
LA GALLINA"-.