12.23.2005

PRE NAVIDAD

Agraciado agitador que con sus palabras logra darle fuerza y vida a su espíritu que de a poco se va enalteciendo.

Errante tal cual el viejo Quijote que se quemó de tanto luchar contra los sordos, pero más aun
con los ciegos que no podían ver.
Pensar que sólo lo apoyaba un gordo con una mula y hoy es leyenda pero antes fue cuerpo para ser alma.

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Al cruce voy con un puñado de expectativas difíciles de cumplir.
En vez de fuego que ilumine, espada que corte, flecha que precise y magia que enamore.
Al choque voy como una máquina que despilfarra voz y carece de motivación aunque bien cargada de elocuencia y predisposición, al ruedo salió.

12.17.2005

Antes de irme.

A veces la vida nos escupe alegría, el tema está en saber refrescarse con ese escupitajo y no enojarse ante tremendo atrevimiento. Superamos las etapas y recién ahí reímos, antes no. Antes somos chiquititos e insignificantes, y aunque a veces la gente nos da la razón la seguimos peleando, porque así somos, porque así nos criaron. "Hijo vos sos único", y así nos damos la napia contra un mural lleno de mierda. Y las que ayer nos besaron hoy nos sonríen y nos gusta, y nos empalagamos de tanta histería. Y si pudiese volver a empezar sería mejor, eso digo aunque seguramente hablaría lo que hablé y me olvidaría de besar lo que no besé. Como decirle a esa que está ahí que la querés besar y que no te animás. Las oportunidades van y vienen y sin embargo las dejás correr, te bailan, te apuran, y vos como cagón arrugás. "La estupidez gana por afano", y lo sabés y no haces nada.

12.10.2005

MI JARDIN frasco de germinación con papel secante



Y ahí se queda, tendida y arropada en un mundo sin peligros, armado a semejanza con la cajita de cristal que siempre quiso tener, manejar, manipular. No le gustan los días de viento porque se despeina, no le gustan los besos a la mañana por el mal aliento, odia devolver las sonrisas cuando se las regalan por la calle. Ama a quien no cambia, a ese que lo tiene bajo su brazo, no tiene retos mayores que aprobar un par de materias. No ve. Oye, pero no me escucha. Me odia pero no se anima a desaparecerme. Ella quería ser cantante y ahora se ahoga en mala voz de alguien. Lo único que sabe es que no quiere cambiar, no quiere retos, quiere solamente el pelo atado. Constantemente camina por el cordón que separa la vereda de lo moral, con el asfalto del desatino. Y yo tengo la esperanza de que algún día el viento sople muy fuerte y caíga al cemento, que se asuste un rato, se suelte el pelo y sepa que conmigo también puede ser feliz.




Ella no dice nada, sólo canta, toca la guitarra y me espera. Yo voy y vengo sin decidirme, pero la quiero. La risa le moldea unos hoyuelos en los cachetes, además de unas pequitas que se mezclan con el color de la piel y transforman esa sonrisa pícara, en un rasgo característico de la mujer que me enseño el oficio de amante mejor que nadie.




Mención especial. Nunca más punto y aparte, moldeó el contorno de cada letra que me define, cada palabra que escribo tiene sabor a ella y todavía no puedo saber si es amargo o dulce. Tengo entendido que cuando hay un espina clavada el cuerpo la expulsa a su debido tiempo, la rechaza una vez que no la necesita más, eso si alguna vez la necesitó. A veces se clava un poquito más, pero sólo porque la dejo que se clave, que raje las capas de piel y llegue bien profúndo. Florecieron sentimientos nuevos aunque en cada hoja que nació quedó un dejo a soles anteriores, y lluvias raramente cálidas que no hacen más que reflejar en cada gota el hermoso verde de la raíz bien crecida.



12.01.2005

EN BLANCO Y NEGRO

Las séptimas sonaban en una combinación de notas perfectas, las yemas de los dedos acariciaban el marfil y la armonía que nacía de esa caja de madera era preciosa. Dejo el vaso en la mesa ratona de vidrio con patas negras, y camino hasta la barra, ella no dice nada, casi ni se sienten sus movimientos. Empieza a desnudarse, y yo de espaldas, no se si es el profesionalismo o saber que de sólo basta que la mire dos segundos para que corra, bordeé la cama, la abrace por atrás, para llegar al cuello y besarlo.
Espío por sobre mi hombro derecho y la veo con más atención.
"Ya estoy lista", dice desde la otra punta de la habitación.
Desenfundo, camino para la cama, pero antes paso por la mesita de luz. Otro sorbo, me quema la garganta, evito hacer muecas para que no se evidencie mi inexperiencia. Apunto y mido, calibro con manos firmes, tomo aire y CLICK, una luz blanca alumbra las paredes grises del departamento. Ella se acomoda sola, sabe de esto más que yo, sonríe e insinúa con el tatuaje de en su omoplato derecho. Bajo la cámara para colgarme a mirarla, "no seas boludo, se va a dar cuenta", enseguida subo la cámara de nuevo hasta mi ojo izquierdo, simulo concentración y gatillo de nuevo, congelo el momento no sólo en el rollo, también en mi cerebro, es perfecta. Como decirle antes de que termine la sesión de que no soy fotógrafo, pero que es música, preciosa y diáfana, me gusta de verdad.
Se para de frente, con el torso completamente descubierto muestra la caída perfecta que tienen sus pechos, el blanco y negro hace que su piel parezca mucho más suave de lo que es. Me incomodo, de nuevo simulo para no quedar descubierto, con el flequillo pendulando donde terminan las cejas y empieza la nariz se ríe y se acomoda para una toma cercana. Nunca antes costó acercarme a una mujer. Una vez más apunto, pero esta vez a sus ojos, dejo caer la cámara. Se asusta porque presiente lo que va a pasar, y se queda quieta, estática. "Me descubrió", pienso. "Ya estoy jugado. Ahora o nunca". Apoyo las palmas de mi mano sobre sus mejillas, cierro los ojos y siento como mis labios rozan los de ella, y el éxtasis. Estoy en el cielo, abro los ojos, sigue inmóvil, fría, blanco y negro.
Me paro, me doy vuelta con los ojos vidriosos y con una barra de hielo corriéndome por la nuca, camino hasta la mesita de vidrio y vuelvo a darle un trago al vaso, esta vez hasta dejarlo vacío, la miro le sonrío, camino a la puerta, dejo un jazmín tirado y atravieso el umbral, más libre, relajado, liviano como pluma, llamo al ascensor y no puedo parar de reírme.