10.30.2006

La caída de la reina.

Se diluye, y vislumbra un dejo de insatisfacción. Claramente ya no puede sentirse distinguida o diferente a cualquier humana que se enoja y reprocha, recrimina y actúa a pura sangre y coraje.
Mezcla de mármol con perla, ya no hay nada que hacer frente a tanta perfección irreal. En ese momento en el que te sostiene la mirada, con la cara amagando a irse al suelo, pero el flequillo que lucha y trae los ojos una y otra vez hacía mi.
Sentirse tan absurdamente atraído, porque no se fija en los errores, tampoco en mi pata de palo, va más a allá de todo eso, la muy guacha puede hacerte ver en profundidad cosas que nunca nadie vio. Pero sigue ahí estática y dura, perfectamente dura. Tan rígida que me enerva. Con los pelos de punta y las cejas despeinadas doy vueltas en círculos para tratar de molestarla, que vea donde estoy parado y cuales son mis intenciones. Y ella nada, ahí hermosa y diáfana, mufándose del yo retrógrado insensible que busca llamarle la atención.
Basta.
No me vas a venir con tanta prepotencia a querer superarme. De a poco rompo los marcos estereotipados tornasolados y la dejo al descubierto, la molesto, le corro el flequillo y uso su báculo de reina para hacer piruetas. La corona de plata se la pateo a la mierda, y el vestido muere a mordiscones, dejándola desnuda, ahora si, perfectamente dura y desnuda.
Entonces.
Sólo por el afán de molestarla y desubicarla de su contexto celestial de orden nato, le pongo el vestido al revés, con la banda ceremonial ato su pelo, y a la corona la lleno de detergente para soplar y formar burbujas, gigantes y envolventes.Sin protocolos ceremoniales ni esteticismos que no hacen más que ahogarnos a nosotros, los mundanos mortales, veo como la reina se cae a pedazos y un perfecto sol asoma alumbrando de a poco mis cejas.

10.11.2006

Manchas

Manchas, asquerosas expansiones que emana la piel, corrugada, irreversible e imbatible.
Los poros despiden bronca, manchas, despiden todo.
Piel toda saturada, bordó arrugada. Mapas conceptuales e históricos de lo que soy, y probablemente seré, con los nervios que descaman orificios. Acá me veo de nuevo emergiéndome de mi mismo amorfo y sin sentido. La cáscara se salió y ya no siento la furia explosiva. Porque son mías.
Mis imperfecciones en la piel, eso que tenés que aprender a entender. Que son borrones, máculas, macas, tachas que sobresalen en cada lugar y camino vivido. Daños, desperfectos de mi viniendo y llegándome a irme de nuevo y volver a empezar todo el rollo de las averías, detrimentos, desdoblamientos impúdicos e indivisibles. Insustanciales y equívocos. Desgastes, desventajas y privaciones ilegitimas de mis libertades.
Puedo ser eso cuando vengo.

Pero cuando voy soy otra cosa, otra noción y concepto.
Creciendo en todas las esquinas y córners de tu cuerpo, enajenado con ira, que es bien mía.
Manchas de papel, ya no cartón, blandas plumas un poco más claritas, naranjas y casi ya sin poros exuberantes. Huecos llenos de intervalos e intersticios, no tan arrogantes y que claman, hipen, lloran las ganas de tus caricias y reinado que no aceptan de marcas históricas. Cuando soy sombra que destiñe, derrama, desvanece, nudo que desata y ya no mancha, tanto no mancha...