Vacío, carente de espacio y cuerpo. Hay algunos días en el que somos muñecos de plásticos, inflados con un poco de aire que nos da forma. Látex puro. Sin sensaciones, o al menos sin nadie capaz de despertar sensaciones nuevas. Por lo que parecía, ese día nada ni nadie iba a poder hacerla sentir extrañamente cómoda y contenida. Esa payasa bajó el ascensor, abrió la puerta y el sol le comió la cara, le secó un poco las lagrimas, pero ella no lo notó, o al menos no le importó, porque las lágrimas estaban adentro. No estaba tan vacía, al menos tenía agua, sal, sodio que le impedía a la máquina deteriorarse.
Orbitó los ojos para arriba y retó el haz de luz que le quemó la cara en la esquina, mientras esperaba el semáforo. Y algo de amenazante tuvo que tener, porque el globo de lava no se le achica a cualquiera, y sin embargo, se tapó el muy cobarde con tres nubes que lo abrigaron. “Esto es personal”, pensó, frenó y tiró la mochila al piso, con el dedo índice arriba apuntó y lo retó. “Hoy no me rompás las pelotas, hoy te necesito brillante y positivo”, dijo. Y un fenómeno rarísimo de la naturaleza se desarrolló en Buenos Aires. Dos de las 3 nubes se fueron abriendo mientras que la más gordita se fue poniendo oblicua y formó una sonrisa en el sol. “Mejor así”, rió la payasa. Juntó su mochila del piso, la colgó en el hombro izquierdo y se animó a cruzar a la otra vereda.
3.31.2006
Vacía.
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3.20.2006
estaba en verano cuando me acosté
Curioso correr de los minutos.
Fue verano cuando me acosté y otoño cuando merendé.
Y sigue siendo aun más curioso.
Hubo sol y fresca justa para no sudar nostalgia,
Y así y todo yo vacío de sonrisas.
Todavía tengo el nudo de la corbata atajando los pensamientos que van de la cabeza al corazón.
Y nosé porque la uso si lo único que logró, hasta ahora es, convertirme en piedra.
Fue verano cuando me acosté y otoño cuando merendé.
Y por eso será que no te vi, y por eso será que me perdí.
En la cocina de los arroces que pelan entretuve a la biomaqunaria empalagada de soledad
Y recordé porque ya no podría estar más con vos, por la soledad que te merodea punzándote con un tridente lleno de tristezas filosas que rasguñaban y violaban tus proyectos y esperanzas.
Y entonces recordé porque es que quiero estar con vos, porque tengo un escudo así-gesto de poner las palmas de las manos en la misma altura enfrentadas por un vacío, que en realidad es un todo métrico, que nos indica el tamaño exacto de dicho adminículo protector- de grande con el que quiero cubrirte de los arañazos de esas desesperanzas que lo único que quieren es boicotearte el desayuno, que podría ser invierno, pero antes fue otoño.
Fue verano cuando me acosté y otoño cuando merendé.
Y sigue siendo aun más curioso.
Hubo sol y fresca justa para no sudar nostalgia,
Y así y todo yo vacío de sonrisas.
Todavía tengo el nudo de la corbata atajando los pensamientos que van de la cabeza al corazón.
Y nosé porque la uso si lo único que logró, hasta ahora es, convertirme en piedra.
Fue verano cuando me acosté y otoño cuando merendé.
Y por eso será que no te vi, y por eso será que me perdí.
En la cocina de los arroces que pelan entretuve a la biomaqunaria empalagada de soledad
Y recordé porque ya no podría estar más con vos, por la soledad que te merodea punzándote con un tridente lleno de tristezas filosas que rasguñaban y violaban tus proyectos y esperanzas.
Y entonces recordé porque es que quiero estar con vos, porque tengo un escudo así-gesto de poner las palmas de las manos en la misma altura enfrentadas por un vacío, que en realidad es un todo métrico, que nos indica el tamaño exacto de dicho adminículo protector- de grande con el que quiero cubrirte de los arañazos de esas desesperanzas que lo único que quieren es boicotearte el desayuno, que podría ser invierno, pero antes fue otoño.
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3.14.2006
X= A*B.
A está enojada con B, entonces se rie fuerte cerca de C. B, que se encariño, al menos visualmente, con C mira de reojo. Y como A se peléó con B, entonces ¿será por eso que A se acercó a C?.
Por lo tanto X se rie de todo.
3.11.2006
Onde está você agora?.
Nosé porqué duele lo que tengas para decir. Será que me cansé del papel del seguro que nada le afecta, de la ameba que es capaz de decir que es feliz solo. Antes que nada la idea es que entiendas que es una cuestión de principios y respeto. Y sin embargo mi principal error es hablar de más, escribir demás, ser de más. De otra forma no me sale. No puedo callar lo que me pasa cuando dejo que mis dedos sean dueños de mi y del teclado. Nno puedo retractarme cuando se que mi lengua es la dueña de las palabras atropelladas a los gritos que escuchan más de lo que el resto de las orejas creen. Y sos una ilegal que anda por la vida robando alegrías y risas, que lo único que quieren es conformarte y sacarte de la amargura, del que nada sabe aprovechar lo precioso de su séquitos, que siempre van a buscar al más lejano. ¿Qué tanto me puedo mentir?, ¿Que tanto puedo querer antes de que me digas "buena suerte y hasta luego"?. Qué tan insoportable puedo llegar a ser para que me retes. Y hacerte notar que no soy tan como los otros, que yo en verdad te quiero y no quiero vender verduras, y que no me sale la elocuencia, porque no la tengo, porque cuando soy crudo apesto a curileria barata. Que años luz me faltan madurar ante de pensar, o imaginar siquiera, un poco de respeto por vos.
"Ni amigos ni enemigos, entre vos y yo un abismo".
As vezes no silêncio da noite
Eu fico imaginando nós dois
Eu fico ali sonhando acordado juntando
O antes o agora e o depois
Por que você me deixa tão solto?
Por que você não cola em mim?
Tô me sentindo muito sozinho
Não sou nem quero ser o seu dono
É que um carinho às vezes cai bem
Eu tenho os meus desejos e planos secretos
Só abro pra você mais ninguém
Porque você me esquece e some
E se eu me interessar por alguém
E se ela de repente me ganha
Quando agente gosta
É claro que agente cuida
Fala que me ama
Só que é da boca pra fora
Ou você me engana
Ou não está madura
Onde está você agora.
"Ni amigos ni enemigos, entre vos y yo un abismo".
As vezes no silêncio da noite
Eu fico imaginando nós dois
Eu fico ali sonhando acordado juntando
O antes o agora e o depois
Por que você me deixa tão solto?
Por que você não cola em mim?
Tô me sentindo muito sozinho
Não sou nem quero ser o seu dono
É que um carinho às vezes cai bem
Eu tenho os meus desejos e planos secretos
Só abro pra você mais ninguém
Porque você me esquece e some
E se eu me interessar por alguém
E se ela de repente me ganha
Quando agente gosta
É claro que agente cuida
Fala que me ama
Só que é da boca pra fora
Ou você me engana
Ou não está madura
Onde está você agora.
3.07.2006
Violeta
Evaristo Gonzáles es un hombre de 93 años que está postrado en su lecho de muerte en la calle Pasteur al 500. En su mano izquierda tiene una foto de Claudia, su hija que vive en Madrid desde hace ya 15 años, mientras que en la derecha sostiene la mano de Violeta, su esposa.
-"Violeta, cuando nos casamos, hace 60 años, tenía mis serias dudas sobre como iba a hacer pasa sostener los años venideros, para hacer que nuestro amor dure toda una vida y nunca se acabe. Y creo que lo he logrado. Cuando me llamaron para que me enliste en el ejército, estuviste ahí, despidiéndote. Y dos años después cuando volví, aunque sin un ojo, y con capacidad auditiva casi disminuida en su totalidad debido a los cañonazos de los panzers alemanes, estabas ahí esperándome con la cena lista.
"Años más tarde sugeriste que invirtiera en ese negocio que no funcionó y nos obligó a vender hasta la medalla de condecoración que me habían dado por mi valentía. Tuvimos que pasar un tiempo viviendo en lo de tus tíos con tobi el perro y claudita que ya empezaba la primaria. Eso y el hecho de descubrir que tus tíos se contagiaron de esa extraña enfermedad mientras vivíamos ahí me hicieron desconfiar de la suerte que no teníamos. Pero una vez que fallecieron y nos quedamos con su departamento y su coche, me di cuenta que no todo estaba perdido, hasta que sacaste a pasear al pequeño tobi y murió de una ulcera renal o algo así, algo muy raro en un can".
"Una vez que Claudia se recibió y se fue al exterior nos mudamos a este departamento en el que hemos vivido los últimos años y cada vez más complicado con mi cáncer testicular hice un pequeño racconto de lo que fue nuestro tiempo juntos. He llegado a la conclusión de que te tengo que decir algo: SOS UNA MIERDA DE MUFA".
-"Violeta, cuando nos casamos, hace 60 años, tenía mis serias dudas sobre como iba a hacer pasa sostener los años venideros, para hacer que nuestro amor dure toda una vida y nunca se acabe. Y creo que lo he logrado. Cuando me llamaron para que me enliste en el ejército, estuviste ahí, despidiéndote. Y dos años después cuando volví, aunque sin un ojo, y con capacidad auditiva casi disminuida en su totalidad debido a los cañonazos de los panzers alemanes, estabas ahí esperándome con la cena lista.
"Años más tarde sugeriste que invirtiera en ese negocio que no funcionó y nos obligó a vender hasta la medalla de condecoración que me habían dado por mi valentía. Tuvimos que pasar un tiempo viviendo en lo de tus tíos con tobi el perro y claudita que ya empezaba la primaria. Eso y el hecho de descubrir que tus tíos se contagiaron de esa extraña enfermedad mientras vivíamos ahí me hicieron desconfiar de la suerte que no teníamos. Pero una vez que fallecieron y nos quedamos con su departamento y su coche, me di cuenta que no todo estaba perdido, hasta que sacaste a pasear al pequeño tobi y murió de una ulcera renal o algo así, algo muy raro en un can".
"Una vez que Claudia se recibió y se fue al exterior nos mudamos a este departamento en el que hemos vivido los últimos años y cada vez más complicado con mi cáncer testicular hice un pequeño racconto de lo que fue nuestro tiempo juntos. He llegado a la conclusión de que te tengo que decir algo: SOS UNA MIERDA DE MUFA".
3.02.2006
No Magia
Entre el dedo índice y el pulgar giraba, como acariciaba su sabanita cuando era un bebe, una varita color marrón mate, toda doblada y con un par de astillas, que él conocía de memoria. Es por eso que nunca podrían robársela, al menos con eso bromeaba, era con lo único que podía bromear. Miró la ruta un buen rato, sin pensar, solamente seguía la línea que dividía el cielo de la soja que había a miles de kilómetros. En el morral tenía dos libros que todavía no había empezado a leer, por miedo a quedarse a mitad de trayecto sin entretenimiento, un cuaderno en blanco, los anteojos de sol ( ahora tenía puestos los de ver), y un rompecabezas de 500 piezas que se podía armar de cualquiera de los lados.
Testeó el panorama a su alrededor, en el asiento de adelante una pareja discutía sobre el color del tapizado para su nuevo living, atrás un señor de traje gris dormía con la boca semiabierta y con la pipa colgando sin volcar el poco tabaco que le quedaba, "eso es magia", pensó y fijó la vista en el asiento vacío a su lado. "6 años estudié, miles de peligros, miles de vidas que no me animé a salvar, y unas pocas que rescaté pero no supe mantener. Le salvé la vida a esa manada de unicornios celestes, conviví en las montañas de Letonia 8 meses con los enanos, en los alpes suizos aprendí a escuchar el canto de los árboles, todo eso viajo solo porque no me animo a decirle todo".
Uno de los libros era de conjuros posesivos, se lo había dado un minotauro en Grecia, cuando estaba haciendo la tesis sobre sirenas que le permitió mantener la beca un año más. Un libro peligroso, ,seguramente si caía en malas manos haría desastres, eso era al menos lo que le habían dicho. "¿Y porque no hacer que mis manos sean las malas, las peligrosas?", pensó, y abrió su morral en búsqueda del libro de conjuros. Era morado y tenía unas inscripciones orientales en amarillo y negro. Lo ojeó un buen rato, buscó en el índice hasta que encontró el hechizo adecuado. Repasó un par de veces los versos para no equivocarse, y mientras sostenía la varita en la mano izquierda, porque a pesar de ser derecho, debía utilizar la mano izquierda, es lo que le había recomendado el minotauro para que el hechizo de posesión funcione de mejor. Formó un pequeño círculo en el aire y murmuró:
Votre nom est ma punition douce
Donnez-moi de nouveau votre sourire
Con un rápido movimiento apuntó la varita al asiento vacío a su lado. Una nubecita plateada salió de la punta de la varita, y se fue estirando hasta llegar a la altura de su nariz. Esa nube tomó forma de mujer y distinguió una silueta en la oscuridad del colectivo. Primero los ojos celestes, el pelo grisáceo y la piel diáfana y pálida, tal cual él la recordaba. Una vez materializada del todo, la chica quedó perpleja mirándolo fijamente, esperando que el diga algo, haga algo. Pero el ruliento estaba atónito, no se podía mover, no podía creer que el libro del minotauro realmente funcionara. Luego de contemplarla un par de minutos, se dio cuenta que no tenía nada para decirle, al menos nada concreto. Al ser un hechizo de posesión había que mantenerlo con alguna orden que obligaba a la persona hechizada a responder. Él se quedó mudo, no dijo nada, a pesar de las ganas de verla, abrazarla y besarla, se mantuvo inmóvil. Entró en razón y descubrió que de nada le valía la magia en esta ocasión, nunca había contestado las cartas, nunca lo había buscado, entonces, qué le hacía pensar el que con un truquito de morondanga iban a ser felices de nuevo. Era muy lindo el chasco ese de traer a alguien a su lado, pero si no sabía qué decirle, y peor aún, si ella no había venido por su cuenta, eso era lo mismo que agarrar una pistola y raptarla. Entonces la ilusión se le hizo añicos, chasqueó los dedos y la chica se esfumó sin dejar rastros. Giró la vista para cerciorarse de que nadie en el colectivo había notado la anomalía, porque era una anomalía realizar el sueño de todo pibe de tener la piba que ama a su lado, y notó que todos dormían tranquilamente. Se colgó de nuevo mirando el horizonte y pensando cómo iba a hacer para esquivar el próximo control, ya había pasado los dos anteriores, pero a medida de que se iba acercando al norte se ponían más difíciles de atravesar. Sacó el otro libro de su morral, una novela media mediocre de un chico que vivía en un lugar extraño llamado Buenos Aires, un drama muy inverosímil, redactaba algo de gente que se mataba por monedas o comida. Un lugar que siempre era gris, con corazones sin destinos y destinos descorazonados. "En verdad se pueden inventar lugares peores que los míos. Definitivamente si existiese una palabra contraria a la magia, la maldeciría ahora", dijo para a si mismo y se rió de la desgracia ficticia que contaba el libro, reclinó el asiento, se sacó las botas, estiró las manos y cerró los ojos.
Testeó el panorama a su alrededor, en el asiento de adelante una pareja discutía sobre el color del tapizado para su nuevo living, atrás un señor de traje gris dormía con la boca semiabierta y con la pipa colgando sin volcar el poco tabaco que le quedaba, "eso es magia", pensó y fijó la vista en el asiento vacío a su lado. "6 años estudié, miles de peligros, miles de vidas que no me animé a salvar, y unas pocas que rescaté pero no supe mantener. Le salvé la vida a esa manada de unicornios celestes, conviví en las montañas de Letonia 8 meses con los enanos, en los alpes suizos aprendí a escuchar el canto de los árboles, todo eso viajo solo porque no me animo a decirle todo".
Uno de los libros era de conjuros posesivos, se lo había dado un minotauro en Grecia, cuando estaba haciendo la tesis sobre sirenas que le permitió mantener la beca un año más. Un libro peligroso, ,seguramente si caía en malas manos haría desastres, eso era al menos lo que le habían dicho. "¿Y porque no hacer que mis manos sean las malas, las peligrosas?", pensó, y abrió su morral en búsqueda del libro de conjuros. Era morado y tenía unas inscripciones orientales en amarillo y negro. Lo ojeó un buen rato, buscó en el índice hasta que encontró el hechizo adecuado. Repasó un par de veces los versos para no equivocarse, y mientras sostenía la varita en la mano izquierda, porque a pesar de ser derecho, debía utilizar la mano izquierda, es lo que le había recomendado el minotauro para que el hechizo de posesión funcione de mejor. Formó un pequeño círculo en el aire y murmuró:
Votre nom est ma punition douce
Donnez-moi de nouveau votre sourire
Con un rápido movimiento apuntó la varita al asiento vacío a su lado. Una nubecita plateada salió de la punta de la varita, y se fue estirando hasta llegar a la altura de su nariz. Esa nube tomó forma de mujer y distinguió una silueta en la oscuridad del colectivo. Primero los ojos celestes, el pelo grisáceo y la piel diáfana y pálida, tal cual él la recordaba. Una vez materializada del todo, la chica quedó perpleja mirándolo fijamente, esperando que el diga algo, haga algo. Pero el ruliento estaba atónito, no se podía mover, no podía creer que el libro del minotauro realmente funcionara. Luego de contemplarla un par de minutos, se dio cuenta que no tenía nada para decirle, al menos nada concreto. Al ser un hechizo de posesión había que mantenerlo con alguna orden que obligaba a la persona hechizada a responder. Él se quedó mudo, no dijo nada, a pesar de las ganas de verla, abrazarla y besarla, se mantuvo inmóvil. Entró en razón y descubrió que de nada le valía la magia en esta ocasión, nunca había contestado las cartas, nunca lo había buscado, entonces, qué le hacía pensar el que con un truquito de morondanga iban a ser felices de nuevo. Era muy lindo el chasco ese de traer a alguien a su lado, pero si no sabía qué decirle, y peor aún, si ella no había venido por su cuenta, eso era lo mismo que agarrar una pistola y raptarla. Entonces la ilusión se le hizo añicos, chasqueó los dedos y la chica se esfumó sin dejar rastros. Giró la vista para cerciorarse de que nadie en el colectivo había notado la anomalía, porque era una anomalía realizar el sueño de todo pibe de tener la piba que ama a su lado, y notó que todos dormían tranquilamente. Se colgó de nuevo mirando el horizonte y pensando cómo iba a hacer para esquivar el próximo control, ya había pasado los dos anteriores, pero a medida de que se iba acercando al norte se ponían más difíciles de atravesar. Sacó el otro libro de su morral, una novela media mediocre de un chico que vivía en un lugar extraño llamado Buenos Aires, un drama muy inverosímil, redactaba algo de gente que se mataba por monedas o comida. Un lugar que siempre era gris, con corazones sin destinos y destinos descorazonados. "En verdad se pueden inventar lugares peores que los míos. Definitivamente si existiese una palabra contraria a la magia, la maldeciría ahora", dijo para a si mismo y se rió de la desgracia ficticia que contaba el libro, reclinó el asiento, se sacó las botas, estiró las manos y cerró los ojos.
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